Las ‘Mary Beard’ españolas reclaman un lugar para la mujer en la historia

Escena que ilustra un poblado metalúrgico, en un libro de texto de Anaya

“La misma tecnología hay en preparar un cocido que hacer una punta de flecha". Y el auditorio rompe en aplausos. El entrecomillado reivindicativo es de Margarita Sánchez Romero, profesora de Prehistoria en la Universidad de Granada, que reclama a la arqueología la construcción de un nuevo relato de la historia, pero esta vez teniendo en cuenta a la mujer y su importancia en las culturas prehistóricas. La demanda se puede aplicar a toda la evolución de la humanidad. “Han dejado atrás a las mujeres. Hemos sido excluidas de los discursos históricos y cuando entramos es como una figura estereotipada. Como una Venus”, sostiene.

Así es como la sociedad patriarcal a pleno rendimiento y sin interrupciones ha cancelado la genealogía de las mujeres, quienes se han quedado sin modelos que seguir. Las mujeres son un agujero negro en las narrativas de la reconstrucción histórica. Y les ha sido imposible reivindicarse. Eran invisibles, han sido invisibilizadas. Un ejemplo: en las salas de los íberos, en el Museo Arqueológico Nacional, en las vitrinas, de cada cuatro representaciones solo una es de una mujer. “Cuando una niña o una mujer acude a un museo le mandamos un mensaje terrible: ellos son los protagonistas de la historia y nosotras no hemos participado”, zanja Margarita Sánchez Romero (izquierda).

Sus reivindicaciones y argumentos se suceden con solvencia, en el marco de las conferencias Tejiendo pasado, dos extraordinarias jornadas (y 17 ponencias) amparadas por la Consejería de Cultura de la Comunidad de Madrid. Ante el centenar de personas que ha acudido a escuchar sus explicaciones, asegura que es urgente y necesario transformar la disciplina arqueológica, de arriba abajo. Esto supone hablar de algo más que de poder, jerarquía y armas. Empezar a mirar a lo que no se ha mirado.

Ceguera de género

La profesora María Antonia García Luque (derecha), que imparte clases a jóvenes en un instituto y en la Universidad de Jaén, explica que en ambos casos se encuentra con una “ceguera de género”, que impide a sus alumnos ver lo que falta. Les muestra una lámina [la imagen que ilustra este artículo] que recrea una sociedad antigua y les pregunta qué ven. Cuando terminan de describirlo todo, les interroga por lo que no ven. “No saben qué decir. Están ciegos. No se dan cuenta de que la única mujer aparece en una esquina”, dice.

LA MIRADA DE LA MUJER

Las especialistas reunidas en las conferencias coinciden en que el problema es que la arqueología no ha hecho las preguntas pertinentes a las fuentes. Solo han tenido en cuenta la mirada masculina para la interpretación, la difusión, la divulgación y la enseñanza del patrimonio. Así que reivindican la incorporación del género en la difusión del patrimonio, para construir una identidad cultural acorde a esta sociedad.

Por eso reclama un relato que tenga en cuenta el papel de las mujeres. Porque son necesarias para incorporar la cotidianidad en la narración del pasado. “La cotidianidad es el tiempo más importante de la sociedad, no la guerra. Podemos vivir sin una guerra, pero no podemos vivir sin comer, sin cuidarnos, sin tener hijos, sin la educación…”. De ahí lo del cocido y la flecha. La profesora Sánchez Romero cuestiona que solo sea relevante de las sociedades el cambio, “también lo son las tareas de la cotidianidad”.

La coordinadora de las conferencias es la arqueóloga Alicia Torija (izquierda), quien asegura que la arqueología no ha creado conocimiento sobre las formas de vida de las gentes, sino que ha puesto de manifiesto la ideología de los investigadores, mayoritariamente hombres de clase alta, “generando unos resultados en gran parte racistas, etnocéntricos y machistas”. Torija se pregunta qué cosas estamos dejando para el futuro, qué pensarán sobre las mujeres de hoy los arqueólogos del futuro cuando se excaven sus restos. Y acude a la especialista británica Mary Beard, catedrática en la Universidad de Cambridge y divulgadora de historia, quien ha escrito que el 99% de las veces que lee algo sobre alguna mujer poderosa de la Antigüedad son críticas. “Las desigualdades solo cambiarán cuando deje de pasar esto: que cuando los historiadores dicen de una mujer que era ambiciosa, es un insulto. Pero si lo dicen de un hombre, es un cumplido”, cuenta Beard.

Un poco de ciencia

“Esto es lo que hacemos en la arqueología feminista: poner en primer plano las actividades de las mujeres, que no se tienen en cuenta a la hora de analizar las sociedades del pasado. Pero no hay ninguna sociedad que sobreviva sin las actividades que desempeña la mujer: las actividades cotidianas son estructurales, pero eso no significa que solo se dedicaran a ellas. Si las mujeres son quienes han hecho esos trabajos cotidianos hay que reconocérselo”, cuenta Margarita Sánchez Romero.

Piden a los arqueólogos un poco de ciencia. La ciencia no haría desaparecer a la mujer, “descubriría el lugar en el que hemos estado”. “Las mujeres tuvieron un papel decisivo, por ejemplo, en la cultura íbera", sostiene la profesora de Granada. Pero entre los estereotipos y la invisibilización tienen un contexto complicado para sacarlas del olvido de la historia. Ni siquiera aparecen en los libros de texto.

En estos, en los libros con los que se forman a las nuevas generaciones de españoles, predomina la historia política, los acontecimientos bélicos, las armas, la guerra, los espacios públicos donde las mujeres no aparecen. Porque no las han buscado, porque no las han querido encontrar. María Antonia García Luque habla de “masculinidades hegemónicas” en estos textos, en los que se destacan los personajes y no las personas. No hay ni rastro de colectivos, ni de los asuntos diarios de las sociedades. “¿Cómo puede ser que insistan tanto en la educación para la paz y la ciudadanía y los currículos hablen tanto de las armas y la guerra? Este tipo de currículos marginan la presencia femenina”, sostiene.

Fuente: elpais.com | 10 de junio de 2019

Descubren cerámica del Neolítico con restos de comida en Cova Eirós (Lugo)

Fragmento del vaso con forma de botella encontrado en Eirós - USC

Sobre una ladera del monte Penedo, en el municipio lucense de Triacastela, se ubica la cueva de Eirós, un yacimiento arqueológico que en más de diez años de excavaciones no ha dejado de sorprender a los investigadores.

Las galerías de Eirós no sólo destacan por haber albergado de modo sucesivo a Neandertales y Homo sapiens —una particularidad que únicamente comparten una veintena de yacimientos en la Península—: en 2011 la cueva sorprendía con pinturas y grabados, las primeras muestras de arte rupestre del Paleolítico Superior localizadas en suelo gallego.

Ahora, este enclave en el paso desde el Cantábrico al valle del Miño —que probablemente se convirtió en uno de los últimos baluartes de los Neandertales ante la llegada del hombre moderno a la Península a través de los Pirineos—, ha dado otra alegría a la ciencia, con el hallazgo de dos fragmentos de una pieza de cerámica que tanto por su forma de botella como por su decoración a base de impresiones con el borde ondulado de conchas de berberecho conecta directamente con la cerámica cardial (denominada así en referencia al citado bivalvo) de los primeros grupos de pastores y ganaderos del sur de la Península. La pieza —de datación inexacta por haber sido localizada en capas de tierra alteradas por animales— es única en Galicia, y es necesario viajar 300 km al sur, cruzando el río Mondego, en Portugal, para encontrar sus referentes más próximos.


Detalle de la decoración en diferentes sectores de la cerámica cardial de Cueva Eirós.

Este último hallazgo de Eirós podría señalar que el inicio de las prácticas neolíticas en el Noroeste peninsular se remonta al final del VI milenio a. C., una etapa aún poco representada en la Prehistoria gallega, según explicó Ramón Fábregas (izquierda), del Grupo de Estudios para la Prehistoria del NW Ibérico-Arqueología, Antigüedad y Territorio (GEPN-AAT) de la Universidad de Santiago (USC).

El hallazgo, realizado durante la última campaña de excavación dirigida por el grupo de la USC y el Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (IPHES) con el respaldo económico de la Consellería de Cultura y Turismo, ha sido descrito recientemente en la revista «Trabajos de Prehistoria», donde también se detalla el análisis de los lípidos rastreables en el interior de la cerámica (realizado por la Universidad de York), que permite concluir que el recipiente fue utilizado para el procesado de carne de rumiantes junto con vegetales, en lo que, bromeó Fábregas, puede representar la «muestra de cocido más antigua del Noroeste».

El estado de conservación de los vestigios no permite efectuar un análisis con el método del carbono 14 para determinar su edad con más precisión.

Fábregas señala por otro lado que hasta ahora no se conocen en el norte de la península indicios materiales de actividades agrícolas con una antigüedad superior a los 4.600 o 4.700 años. La edad atribuida a la vasija es considerablemente mayor, lo que a juicio del investigador puede tener dos explicaciones. «Por un lado, puede ser que por ahora no tengamos suficiente información y que las prácticas agrícolas en este territorio sean más antiguas de lo que se pensaba», dice. «Pero también puede ser que en Cova Eirós hubiese por entonces grupos de cultura mesolítica que vivían de la caza y de la recolección y que no practicaban la agricultura y la ganadería, pero que mantenían contactos e intercambios con comunidades de otras partes de la Península que si las conocían», añade.

El rector de la USC, Antonio López —izquierda— y el consejero de Cultura, Román Rodríguez, observan los restos de la vasija prehistórica encontrada en el yacimiento arqueológico de Triacastela. SANTI ALVITE.


Xunta y USC suscribieron este lunes un nuevo convenio en el que la Administración autonómica aporta 30.000 euros —han sido 140.000 desde 2015— para continuar actuando en el yacimiento, avanzando en la excavación del campamento Neandertal, profundizando en el estudio de procedencia de las materias primas empleadas por los pobladores de Eirós o aplicando técnicas 3D con vistas a una posible recreación de las galerías accesible a los visitantes del futuro Centro de Interpretación previsto en Triacastela.

Román Rodriguez, consejero de Cultura, destacó la cesión en los últimos días al Ayuntamiento lucense del inmueble que albergará el centro.

Fuentes: abc.es | lavozdegalicia.es | 10 de junio de 2019

Los arqueólogos 'resucitan' el templo púnico-ibicenco de la bahía de Palma

En el siglo III aC, cuando Ibiza (Ayboshim) era una de las principales colonias de Cartago, los comerciantes ibicencos recibían y enviaban barcos cargados de ánforas con todo tipo de mercancías. La población de Vila en ese momento podía rondar las 5.000 personas, según los cálculos de los arqueólogos, y el puerto era un hervidero de talleres, alfarerías, fábricas y barrios de artesanos de toda índole. Los barcos amarraban, entonces como ahora, a los pies de un núcleo amurallado en Dalt Vila para descargar vajillas de mesa, perfumes, alimentos, herramientas... procedentes de todos los rincones del Mediterráneo. Y desde aquí se iban cargados del vino y el aceite local, sobre todo, hacia la Península, el sur de Francia y otras ciudades. Ibiza era entonces una potencia comercial y era conocida en todas partes.


Los ibicencos púnicos, incluso, habían fundado varios enclaves en Mallorca, habitada entonces por una sociedad indígena anclada todavía en la prehistoria (la cultura talayótica), que, sin embargo, colaboraba con los comerciantes ibicencos. Una de estas colonias fue el islote de Na Galera, justo enfrente de la costa de Palma, cerca de la cabecera del aeropuerto actual. En ese minúsculo peñasco, de apenas unas decenas de metros de longitud, los ibicencos levantaron un templo dedicado a alguna deidad púnica (que aún se desconoce), a cuyos pies se enterraban a difuntos que eran expresamente llevados allí para ser sepultados. El templo formaba aproximadamente un cuadrado de cinco metros de lado y cuatro de altura, si bien años más tarde, tras ser destruido en acción bélica, sería ampliado hasta alcanzar los 10x10 metros.

Este yacimiento nunca había sido excavado a conciencia, pero un grupo de arqueólogos y entusiastas de la historia en Mallorca (la Associacio Amics de na Galera) cogió el toro por los cuernos y, entre 2012 y 2017, procedió a un concienzudo examen de los restos, bajo la dirección de Ramón Martín ( izquierda) y José Jorge Argüello (derecha). La tarea emprendida por este colectivo ha sido y es aún admirable, pues están desarrollando toda una serie de actividades divulgativas de la cultura púnica (exposiciones, una regata púnica anual, charlas, concursos...) que hacen palidecer a las que se llevan a cabo en la propia Ibiza.

¿Para qué servía ese templo? «Se supone que marineros que salían de Ibiza, llegaban aquí, realizaban sus ofrendas para seguir teniendo una buena travesía, y luego seguían navegando», explica el arqueólogo Ramón Martín. El destino final de esa navegación eran las costas de Menorca y luego Cataluña, a donde llevaban mercancías. En realidad, era una escala necesaria para poder alcanzar la Península, en un rodeo que ahora puede parecer raro, pero que era obligado en una época en que los barcos a vela aún no podían navegar con el viento en contra. «Primero había que navegar hacia el Este, y luego ya no había problema para seguir hacia Cataluña», señala Martín.


Del templo se conservan únicamente el arranque de sus muros y las tres cisternas (una de ellas, de tres metros de profundidad) donde se arrojaban los restos de las piezas usadas en los rituales que allí se hacían. Se han podido recuperar además los restos óseos de 14 personas, algunas ya de los siglos I a.C.- I d.C. Unas fueron enterradas y otras sometidas a cremación. Se supone que varios de ellos eran ibicencos, pero otros no, al menos uno «cuyos restos de cremación estaban colocados en un jarro indígena», lo que hace suponer que se trataba de un residente mallorquín.


Pero Na Galera no solo es importante por albergar este templo, el único conocido en las islas perteneciente a esta época y de estas características, sino también por su pasado prehistórico. Allí se ha encontrado la cerámica incisa (o sea, con incisión de marcas en su superficie) más antigua de todo Baleares. Antes de que llegaran los púnico-ebusitanos, ya había allí una cueva de enterramiento del siglo XII a.C., donde también se han hallado grandes ollas talayóticas para sepultar difuntos.
Martín y sus compañeros consideran que los ibicencos eligieron este enclave para crear su templo precisamente porque el lugar ya tenía un uso funerario previo.

Otros enclaves en Mallorca

Ibiza no solo creó el enclave de Na Galera durante su floreciente época púnica. En otro islote mallorquín, situado cerca de Cabrera, el de na Guardis, también se alzan aún los restos de los muros de un edificio dedicado supuestamente a la fundición de metales. Solo ha sido excavado superficialmente hace cuarenta años, como sucedía con na Galera. También figuran en esa red de establecimientos ebusitanos el Puig de na Morisca, en Santa Ponça, o el Turó de ses Abelles.



Lo que hoy conocemos como mundo civilizado no llegaría a Mallorca hasta el 123 a.C., con el desembarco de los romanos. Ibiza, que gracias a los fenicios llegados en el 654 a.C., llevaba una ventaja de siglos, empezaría a languidecer a partir de entonces, sobre todo tras la derrota cartaginesa en la última guerra púnica, cuando Cartago, la metrópoli, fue literalmente arrasada por Roma e incluso sus campos fueron arados con sal para que nunca más creciera nada allí.

Mallorca trabaja para resucitar una parte de su historia, la púnica, Aunque esta cultura tuvo una impronta marginal en comparación con el peso que alcanzó en Ibiza, los esfuerzos de la Associacio d'Amics de na Galera dan la impresión de todo lo contrario (ver nagalerapunica.wordpress.com). De hecho, una exposición dedicada al mundo púnico de Mallorca puede ser visitada en el Casal Balaguer de Palma hasta enero de 2020. Pero, como anticipa Ramón Martín pronto habrá más noticias sobre el mundo púnicoebusitano en Mallorca.

Fuente: diariodeibiza.es | 9 de junio de 2019

La impresionante hacienda romana que ocultaba un pueblo de Cuenca

Detalle del mosaico del salón ('triclinium') de la villa romana de Noheda. Forma parte del Cortejo dionisiaco y en él se distinguen centauros, músicos, sátiros y a Sileno, representado como un anciano montado sobre un burro.

Érase una vez un hombre inmensamente rico. Más. Más aún. Tan adinerado como para hacerse traer en el siglo IV el vino desde Siria (a 4.921 kilómetros de distancia) porque los caldos de la tierra donde residía no resultaban de su gusto. Un individuo tan poderoso que la villa en la que vivía y hacía negocios (un conjunto de edificaciones) ocupaba 10 hectáreas, según los últimos datos del georradar. Solo el salón de su casa (triclinium) medía 291 metros cuadrados y estaba decorado con mosaicos dignos del palacio de un emperador. “Ese hombre existió”, explica Miguel Ángel Valero, profesor de Historia Antigua de la Universidad de Castilla-La Mancha. Todavía se desconoce cómo se llamaba aunque los arqueólogos lo han bautizado en broma romanizando el nombre de un archimillonario español. “Pero tarde o temprano lo sabremos”, sostiene Valero, que lleva una década desenterrando sus impresionantes propiedades —ya lo ha hecho en un 5% del total—, en la actual provincia de Cuenca, que en breve serán visitables.

Miguel Ángel Valero pulveriza agua desionizada sobre una escena que representa una pantomima. A la derecha, se distingue un órgano de fuelle.

Ahora la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha va a abrir el yacimiento, denominado Villa de Noheda, en la localidad de Villar de Domingo García (218 habitantes), y a hacer públicos los espectaculares resultados de las investigaciones: el mayor conjunto escultórico en mármol de la Hispania romana, con medio millar de grandes fragmentos, y el mayor mosaico figurativo del Imperio. El alcalde de la localidad, Javier Parrilla (PP), quiere que su apertura coincida con la nueva campaña de trabajos arqueológicos del verano, donde está previsto, entre otras actividades, iniciar la excavación de la sala de recepción (salón áulico) de la villa, “normalmente de mayor superficie que el 'triclinium'”, explica Valero. Por supuesto, esta zona también oculta su propio mosaico y cientos de secretos.

Castilla-La Mancha abrirá al público la villa de un aristócrata inmensamente rico que incluye el mayor mosaico figurativo del mundo y una colección de 500 piezas de mármol

Hace algo más de una década, un tractor topó con un terreno muy duro (conocido desde siempre como El Pedregal o Cuesta de los Herreros) en Villar de Domingo García. Esa parte del municipio recibía esos nombres porque los vecinos no cesaban de hallar grandes sillares de piedra y objetos metálicos de los que desconocían su origen.

Cuando el arado abrió la tierra, cientos de pequeñas piedras de vivos colores volvieron a la luz. Eran parte de las teselas que conformaban los mosaicos. Los servicios arqueológicos comenzaron las excavaciones ya que en un mapa de Alonso de la Cruz (1554), que se guarda en el monasterio del Escorial, denomina al lugar Villar de la Vila y en 1897 Francisco de Coello ya describió la “existencia de unas ruinas romanas, con teselas, en la pedanía de Noheda”.


Detalle de una de las dos pantomimas que fueron representadas en el mosaico. Uno de los personajes lleva un escarpín largo y sólido con el que marcaba los 'tempos' de la música. Es una de las escasas representaciones que existen en el mundo.

La realidad superó a todo lo imaginable. Noheda es un fiel reflejo de un intento de transmitir un mensaje de alta carga ideológica y propagandística: el poder de un terrateniente (dominus) que garantizaba la estabilidad económica y social a la comunidad. Erigió un gigantesco complejo residencial que conjugaba los conceptos de “ocio y negocio” dentro de una gran extensión de tierras (fundus). De hecho, “a estos conjuntos de explotación agraria se los denomina urbes in rure (ciudades en el campo)”, recuerda el profesor.

El fundus —que ocupaba 80 kilómetros cuadrados— lo componían las tierras de cultivo (ager), los pastos para el ganado (saltus) y un área montañosa (silva) de donde se obtenía madera. La villa se alzaba en un punto estratégico de la hacienda con suficientes recursos hídricos, resguardada de los vientos del norte y cercana a una vía de comunicación. En el caso de Noheda, la hacienda estaba suficientemente alejada de la calzada romana para no ser detectada por visitas indeseadas o asaltada por legiones hambrientas.

Cabezas cortadas de los pretendientes de Hipodamia, hija del rey Enomao, que perdieron las carreras de cuadrigas en las que competían con la del monarca para conseguir la mano de la princesa y que les costó la vida.

Las pinturas que decoran las paredes de las villas romanas, los mosaicos de los suelos, las esculturas y otros elementos que ornamentan estos espacios poseen un sentido. En Noheda significan la posesión de la máxima riqueza. Los especialistas no encuentran una respuesta a cómo fue posible tal acumulación de opulencia: se han detectado más de 30 tipos de mármoles traídos de todo el mundo conocido en la época. La construcción ocupaba 10 hectáreas y solo el triclinium del edificio, 291 metros cuadrados. “Puede ser que el dominus estuviese relacionado con el emperador, en ese momento Teodosio, eso aún no lo sabemos, pero lo que sí está claro es que pertenecía a la alta aristocracia”, explica Valero.

Las dimensiones son tales que el mosaico del triclinium es el más grande de tipo figurativo del imperio conocido hasta ahora. Las medidas de esta sala solo son superadas por el de Cercadilla (Córdoba) si bien este carece de mosaico. Es equiparable —aunque el de Noheda es 20 metros cuadrados mayor— al de la famosa villa siciliana de Casale, en Piazza Armerina (270 metros).

Vista de la parte sur del mosaico de Noheda. En el centro, el lugar donde estaba la fuente del edificio y de la que se conserva el sistema de alimentación.

El pavimento lo componían una zona central, dividida en seis paneles con escenas de temática mitológica y alegórica, donde se abigarran enormes figuras, como la de Atenea, que mide 2,18 metros. El número de teselas empleadas es “incontable”. En cada cuadrado de 25 por 25 centímetros se usaron de media de 1.243 de estas pequeñas piezas, algunas de milímetros para conseguir dar movimiento o sombras a las figuras.

Los arqueólogos consideran, en virtud de la diferencia en el número de piezas utilizadas en cada parte de la estancia, que no hubo un solo "pictor imaginarius" [diseñador], sino varios. También han descubierto que debajo de algunas zonas del gran mosaico se oculta otro con diferentes motivos. “Es como si al dueño de la villa no le gustase un primer resultado y ordenase que se elaborase otro encima diferente. El dinero no iba a resultar un problema”, bromea Miguel Ángel Valero.Y, en el centro de la estancia, una fuente ornamental de la que se conservan sus canalizaciones.

Detalla del mosaico que representa a Helena de Troya en el momento de ser raptada por Paris: el hecho costó una guerra.

¿Y qué representan las escenas? Los especialistas enumeran el mito de Enómao, Pélope e Hipodamia, dos Pantomimas, el Juicio de Paris y el Rapto de Helena, El cortejo dionisiaco y Thiasos marino.

De toda la superficie construida solo se ha excavado una mínima parte. “En ese espacio, además del increíble mosaico, hemos hallado más de 550 grandes fragmentos de esculturas, todas realizadas en mármol importado de Oriente y de Carrara [Italia]. Es el conjunto escultórico más amplio de toda Hispania, donde se incluyen figuras de Dionisios, Venus o los Dioscuros".

Figura en mármol hallada en la villa romana, una de las 50 que se exponen en la muestra 'Noheda, la imagen del poder en la antigüedad tardía' en Cuenca capital.

¿Y por qué desapareció y fue olvidado? Con la caída del Imperio romano, toda Hispania sufrió una rápida cristianización. Los nuevos habitantes utilizaron las estancias de la villa como lugar donde habitar. Las esculturas paganas fueron destruidas y lanzadas a un vertedero. Parte de ellas fueron usadas para elaborar polvo de mármol. Pero muchas pervivieron. De hecho, los arqueólogos las están montando como un puzle. Algunas ya han sido recuperadas y se pueden ver en la exposición "Noheda la imagen del poder", en la capital de la provincia.

“Ahora falta que podamos mostrar este yacimiento”, dice el alcalde de Villar de Domingo García. “Está todo casi preparado para abrirlo, además de un centro de interpretación que tenemos en el municipio. La idea es que los visitantes puedan disfrutar de esto, mientras ven cómo trabajan los arqueólogos”, añade Javier Parrilla, que no oculta que se está jugando el futuro de su pueblo. "Somos la España vaciada", admite.

De hecho, uno de los objetivos de la apertura es conseguir que los visitantes de la villa romana conozcan también el municipio a la que esta pertenece y no se desplacen a la cercana y siempre atractiva Cuenca. El Ayuntamiento y los especialistas que trabajan en la excavación han impartido cursos y realizado actividades con los vecinos para implicarlos en lo que puede ser su gran atracción turística y cultural. “Nos gustaría contar con ellos para todo, incluso para enseñarlo”, señala Valero, si bien Parrilla admite que su contratación “es muy difícil por problemas administrativos”. “Ya me gustaría a mí”, se lamenta el alcalde, “pero la legislación...”.


El mosaico del Cortejo dionisiaco tiene 10,80 metros de largo por 2,30 de ancho. Es el más dañado de todos los existentes, ya que fue sobre él donde entró el arado que permitió el descubrimiento de la villa. Representa al dios subido a una cuádriga dorada tirada por cuatro centauros músicos.

Fuentes del Gobierno regional han confirmado a EL PAÍS que "la apertura será cuanto antes". “Es algo único en el mundo. Cuando muestro las imágenes en los congresos internacionales [ha impartido conferencias por todo el mundo], los especialistas de otros países se quedan atónitos. Y eso que lo mejor está por venir, porque solo hemos excavado una mínima parte”, concluye Miguel Ángel Valero mientras se encoge de hombros y sonríe ampliamente.

Fuentes: elpais.com | elpais.com (Fotos) | 9 de junio de 2019

Los antecedentes neolíticos de la desigualdad de género

La escena de baile en las cuevas de El Cogul muestra a once mujeres en faldas que rodean a un hombre desnudo. Crédito: Enric / WikiCommons.

Investigadores del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Sevilla han estudiado la evidencia arqueológica de las sociedades prehistóricas en el período Neolítico en la península ibérica desde la perspectiva de género.

De acuerdo con los resultados de su trabajo publicado en la Revista Europea de Arqueología, que abordan el análisis desde el punto de vista de la bioarqueología y la arqueología funeraria, fue en el Neolítico cuando aparecieron las diferencias de género, lo que significó la dominación masculina en períodos posteriores de la historia.

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores han analizado dos grupos de indicadores. Por un lado, las condiciones de vida y aspectos demográficos y, por otro, las prácticas funerarias.
En el primer grupo, estudiaron factores como la proporción sexual (la proporción demográfica de hombres a mujeres), la dieta, los datos genéticos, el movimiento, las enfermedades más comunes y los marcadores de estrés detectados.

En el segundo, consideraron datos como el tipo de entierro, el carácter primario o secundario del depósito, si era un entierro individual o colectivo, la organización espacial del sitio, la posición y la orientación de los cuerpos, los bienes funerarios que eran colocados en la tumba o los “movimientos funerarios” (signos de manipulación de los cuerpos, pigmentación o alteración causada por el calor).
Combate de arqueros pintado de rojo oscuro en un abrigo de Morella la Vella, provincia de Castellón, en el este de España.

Roles diferenciados

El estudio concluye que la desigualdad entre hombres y mujeres en general no se consolidó ni se extendió ampliamente en Iberia durante el Neolítico. Sin embargo, aparecieron situaciones progresivas que indican el predominio de los hombres sobre las mujeres. Los autores señalan cuatro líneas importantes en las que se puede investigar la desigualdad entre hombres y mujeres a través de sucesivos períodos históricos: su acceso a los ritos funerarios, las condiciones materiales de su existencia, la aparición de roles sociales específicos para cada uno de los géneros y la creciente asociación de los hombres con la violencia.
Precisamente este último aspecto es el más evidente en este estudio. Las heridas de flecha en los cuerpos masculinos, el depósito de proyectiles en sus tumbas o las representaciones pictóricas (pinturas rupestres) de hombres que cazan y luchan no tienen un paralelo equivalente en mujeres. Por lo tanto, los autores señalan el nacimiento de una ideología que conecta a los hombres con el ejercicio de la fuerza. En este sentido, destacan que la creación de diferentes roles según el género y otras formas de desigualdad de género desempeñó un papel fundamental en el crecimiento de la complejidad social, un factor que no siempre se ha comprendido bien en proyectos de investigación anteriores.

El estudio, que se deriva de la tesis doctoral de Marta Cintas Peña (izquierda) de la Universidad de Sevilla, fue realizado por el profesor Leonardo García Sanjuán (derecha), y es la primera vez que se aborda este período desde la perspectiva de género y considerando múltiples variables.

Las conclusiones del estudio significan la confirmación arqueológica de la propuesta de la antropóloga Gerda Lerner, quien en el libro La creación del patriarcado propuso la hipótesis de que fueron las sociedades neolíticas las que vieron el comienzo de la desigualdad entre hombres y mujeres.

Fuente: elindependiente.com | 10 de junio de 2019

Hallan una tumba de la Edad del Bronce perteneciente a un chamán con picos y cráneos de aves en Siberia

Aunque se han desenterrado más de 30 tumbas en el sitio, solo estas dos incluyen hallazgos excepcionales. Crédito: Instituto de Arqueología y Etnografía / The Siberian Times.

En la región rusa de Novosibirsk, en Siberia, un grupo de arqueólogos ha descubierto inusuales objetos en dos tumbas de la cultura Odinov que datan de la Edad del Bronce.
Las sepulturas fueron descubiertas a finales del año pasado en un sitio arqueológico conocido como Ust-Tartas por investigadores del Instituto de Arqueología y Etnografía de Novosibirsk. Las tumbas datan de hace unos 5.000 años, y en una de ellas los especialistas encontraron el esqueleto de un hombre con una especie de collar, capucha o armadura hecha con decenas de picos y cráneos de aves.


El esqueleto del hombre descubierto en Siberia rodeado de picos y calaveras de aves. Crédito: Instituto de Arqueología y Etnografía / The Siberian Times.

"Los huesos de los animales estaban dispuestos en la parte posterior del cráneo, alrededor del cuello como si fuera un collar que protegiera al dueño cuando vivía aquí", dijo la investigadora Lilia Kobeleva.


Otra versión es que los picos y cráneos de aves eran parte de un traje ritual. Si bien la especie de las aves aún no ha sido identificada, se cree que se trataba de garzas o grullas. Pero los arqueólogos todavía desconocen la forma en que los huesos de los animales se unieron entre sí o a la prenda, ya que no presentan ningún agujero perforado para poder conectarlos con alguna especie de hilo.

El collar de pico de ave se retiró en bloque y se llevó al laboratorio para su examen.
Crédito: Instituto de Arqueología y Etnografía / The Siberian Times.

El ‘hombre pájaro’, como lo ha descrito la prensa local, no fue el único descubrimiento, pues cerca también se encontró otra tumba de dos niveles. En la parte superior descansaban los restos de dos niños, mientras que en la inferior se encontraba el esqueleto de un hombre adulto junto con varios objetos.

En una de las tumbas, los investigadores encontraron un par de 'gafas' de bronce junto al cráneo del individuo

El más llamativo era una especie de ‘gafas’ compuestas por dos hemisferios de bronce con orificios y un puente de bronce. Los expertos creen que podrían haber sido parte de una máscara de entierro. Junto al brazo izquierdo del hombre y alrededor de la cintura yacían cinco colgantes de piedra pulidos en forma de media luna, utilizados para rituales.
"Estos son artículos únicos, y estamos muy contentos de haberlos encontrado", dijo Lidia Kobeleva.
En uno de los entierros se encontró un colgante de piedra en forma de media luna alrededor de la cintura del individuo. Crédito: Instituto de Arqueología y Etnografía / The Siberian Times.

"Ambos hombres deben haber desempeñado papeles especiales en la sociedad. Lo digo porque hemos estado trabajando en este sitio por un tiempo y hemos desenterrado más de 30 tumbas. Todos tenían hallazgos interesantes, pero nada de lo que encontramos antes fue tan impresionante como lo descubierto en estas dos tumbas. Suponemos que ambos hombres eran una especie de chamanes", concluye.

Vista aérea del sitio de excavación. Crédito: Instituto de Arqueología y Etnografía / The Siberian Times.

Fuente: bohemos.cu | siberiantimes.com | 4 de junio de 2019