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Entrevista al arqueólogo Christopher Witmore


Entrevista con Christopher Witmore, por ANDRÉS LOMEÑA CANTOS

Preguntas intempestivas

Una aproximación a la arqueología orientada a objetos

La arqueología no deja de anunciar hallazgos: desde Luxor a Kent, pasando por Tesalónica. Los restos arqueológicos dialogan con el presente y nos formulan preguntas intempestivas. Para entender el modo en que estas reliquias nos interrogan, la ontología orientada a objetos (OOO) propone una resignificación de los objetos. Previamente, esta filosofía ha tenido relaciones fértiles con diferentes disciplinas, como la arquitectura o la literatura. En esta entrevista, Christopher Witmore, profesor de Arqueología de la Universidad Tecnológica de Texas y autor de Objetos intempestivos (Materia Oscura, 2024), lleva a cabo una aproximación a la arqueología orientada a objetos, un movimiento telúrico para la filosofía en la medida en que ayuda a repensar los objetos del pasado e incluso nuestra noción de tiempo.

ANDRÉS LOMEÑA: No conservamos la Comedia de Aristóteles a pesar de su éxito e importancia, así que quizás no siempre se preservan los objetos culturales más importantes. En una guerra, pienso que un puente bien conservado podría ser casi un síntoma de irrelevancia porque una infraestructura estratégica debería ser destruida. Tengo este tipo de ideas en mente al leer sus reflexiones en torno a una arqueología orientada a objetos. Ciertos arqueólogos creen que la cultura humana lo es todo mientras que el objeto no es nada; usted se plantea repensar esa idea preconcebida, y quisiera saber si se siente solo en esta indagación acerca de la agencia y la política de los objetos.

CHRISTOPHER WITMORE: “No son los tiempos los que marcan la diferencia”, sino más bien, como sostuvo Bruno Latour en Nunca hemos sido modernos, “es la diferencia la que marca los tiempos”. Pensar en el desconcertante naufragio de las cosas antiguas que existen en el presente (los escritos de Aristóteles, los puentes antiguos que escaparon a la destrucción, ya sea por guerras o por terremotos, cuencos antiguos, ruinas de la Segunda Guerra Mundial, etcétera) y sus relaciones como generadoras de tiempo es una inversión de los procedimientos habituales de los arqueólogos, quienes tienden a considerar el tiempo mismo como un agente de cambio.

Los arqueólogos, cual relojeros, se benefician enormemente cuando se le concede al tiempo una posición privilegiada y generativa, como una secuencia lineal de contenedores que avanzan con regularidad con independencia de lo que ocurra dentro de ellos. No se trata de que la cultura lo sea todo y los objetos nada, aunque agradezco el poder retórico de tu formulación; los objetos no culturales deberían contar algo para los arqueólogos, ya que la autoridad del campo todavía se basa en hablar desde la experiencia, describir lo que se encuentra y fundamentar historias sobre el pasado en restos arqueológicos. La cuestión es cómo tenemos en cuenta esas cosas en relación con el pasado. No creo que los objetos arqueológicos deban ser tratados solamente como intermediarios de situaciones culturales en las que pueden haber afectado y a las que, a su vez, se les da preponderancia como agentes detrás de los restos que encontramos. Eso supone considerar los objetos como derivados de algo distinto de ellos mismos, lo que a menudo coloca a los humanos en el centro de la realidad, como si fuera su principal modeladora. Desde la perspectiva de la OOO, los objetos que encontramos en el presente son lo que hace posible el pasado.

El hecho de que un cuenco antiguo haya resistido y esté entre nosotros significa que no puede reducirse a sus pasados, tanto si fue un momento particular de sus usos o de su inactividad (lo que llegó a ser el objeto en situaciones distintas). Como arqueólogo, puedo darme cuenta de que un cuenco de cerámica resistió a muchas situaciones diferentes: usos domésticos, como ajuar funerario, una larga estancia bajo tierra, una barrera para las raíces, un objeto encontrado, una pieza de museo, una evidencia para una tesis, etcétera. Sin embargo, como parte de un conjunto de tumbas, habrá perdido muchas de estas relaciones extrínsecas pasadas. El recipiente, intrínsecamente, extiende sus propios pasados, aunque solo puede ofrecer sugerencias de lo que existió más allá de sí mismo. Esas sugerencias quizás digan muy poco sobre situaciones culturales pasadas, y mucho sobre cómo el hundimiento de la tumba dañó el cuenco en algún momento durante su estancia ctónica. Desde luego, uno también tiene que reconocer que el recipiente es parte de un conjunto (una tumba) y como tal puede constituir un componente de un objeto mayor. Si bien esto podría entenderse como un conjunto que contiene su propio pasado, desde la perspectiva de la OOO, una parte de algo no puede reducirse a un objeto más grande.

Reconocer el cuenco o la habilidad de la tumba para sugerir y ofrecer indicaciones es respetar su agencia y autonomía, ya que esos pasados pertenecen al objeto. Puede que un artefacto de museo no parezca tener mucho peso político, pero si uno descubriera que una crátera [vasija grande y ancha donde se mezclaba el vino con agua] fue saqueada y vendida ilegalmente de una tumba, entonces ciertamente podría verse involucrada en un disputa entre el Museo Metropolitano de Arte, la Fiscalía del distrito de Manhattan y el gobierno italiano. El cuenco y la tumba sostienen y defienden, contienen y comprenden, apoyan y cobijan. Sí que pueden ser actores políticos en las situaciones adecuadas. Decir lo contrario desde el principio es decretar de antemano lo que son las cosas, haciendo suposiciones sobre la naturaleza de lo real. 

Los arqueólogos necesitan reconsiderar cómo trabajamos con las cosas. La diferencia entre la autoimagen de la arqueología y su práctica es una limitación, por mucho que el reduccionismo sea una característica de cualquier ciencia. En el libro, Graham Harman y yo establecemos un contraste entre una noción modernista del tiempo como un marco medido y predestinado donde nosotros insertamos los fenómenos, y una comprensión del tiempo orientada a los objetos como algo emergente, heterogéneo y sobre la superficie de las cosas. Esto abre todo tipo de posibilidades creativas en torno a cómo concebimos esos tiempos que surgen de los objetos arqueológicos y también en torno a su articulación (qué historias contamos). Creo que apenas estamos empezando a reconocer el potencial de esta forma de arqueología, pero para nada estoy solo en esto, pues hay ciertos arqueólogos que usan un enfoque orientado a objetos: Peter Campbell, Stein Farstadvoll, Bjørnar Olsen, Þóra Péturdóttir, Sara Rich, por nombrar a algunos.

A.L.: Usted empieza con el objeto y trata de entender el pasado, pero nos advierte de que muchos arqueólogos encuentran lo que justamente estaban intentando encontrar. El pasado, en resumidas cuentas, no es una causa simple y sin más del presente. Supongo que si los arqueólogos encuentran salazones, tratarán de explicar la importancia de la sal en esa ciudad romana, pero quizás este descubrimiento arqueológico entierra otras posibilidades abiertas, en vista de que hay numerosas ciudades que también fueron habitadas por fenicios o musulmanes. La arqueología puede ser como una matrioska que contiene múltiples pasados.

C.W.: Los arqueólogos, tal y como defendemos en el libro, están condicionados para ver las cosas como los efectos o las consecuencias de aquellas causas que pretenden encontrar. El deseo de recuperar rastros vívidos en un dominio borrado del presente y tratarlos como el agente causal detrás de lo que queda conduce a menudo a imponer el pasado favorecido por la historia sobre objetos que no pueden hablar. Si tomamos como ejemplo un lugar de la Segunda Guerra Mundial, se puede decir que nosotros llegamos con expectativas históricas a esos lugares (por ejemplo, a un bastión del muro Atlántico en Finnmark). Es fácil suponer que dicho lugar es una ilustración o un ejemplo de algo ya prefijado y conocido (este sitio lo destruyó la Wehrmacht en retirada en el año 1944). Sin embargo, nunca encontramos el pasado que fue, solo lo que llega a ser de él, y aunque podemos encontrarnos con un pasado legendario, el compromiso es siempre con algo presente y específico del objeto que encontramos.

Si se juzga a partir de una imagen completa del pasado, como res gestae (logros, cosas realizadas), lo que encontramos es siempre incompleto, como sombras de su antiguo ser. Hay todo tipo de fenómenos históricos que tratan sobre algo más que las andanzas humanas: la transformación de las economías del pasado, los procesos de producción e interacción a través de redes comerciales cambiantes, etcétera. No obstante, la idea del pasado como algo consumado, definido por su finitud, sigue prevaleciendo a la hora de abordar las cosas antiguas. Los hallazgos arqueológicos van más allá de esos mundos y a menudo encuentran nuevas aventuras; como las cosas suelen olvidar sus pasados, su idiosincrasia retiene lo que recuerdan.

Algunas expectativas son parte del proyecto de la arqueología, pues no habríamos investigado ciertos programas o conseguido fondos sin ellas. La distorsión aparece cuando imponemos sobre los objetos arqueológicos las expectativas asociadas con un pasado definitivo (“así es como ocurrió”). Y no es que no podamos hablar de situaciones definitivas. Por volver al ejemplo de la crátera, el cuenco fue enterrado junto a una mujer que murió en la treintena y se rompió cuando el techo de la tumba se hundió, pero la mayoría de las veces tratamos con proposiciones sobre lo que podría haber sido. Algunas proposiciones son mucho más fuertes que otras, pero las proposiciones están siempre abiertas al futuro, es decir, están abiertas a la reevaluación, especialmente a la luz de nuevos objetos encontrados que puedan revelar otros ángulos del pasado. Aun así, a las cosas antiguas no les falta nada, se trate de pequeñas fortificaciones quemadas en el norte de Noruega o de cráteras enterradas. Están completas tal como están, abiertas en todo momento a las posibilidades futuras, ya que los elementos enterrados pueden contener pasados imprevistos aún por salir.

A.L.: Distingue la datación relativa de la absoluta y sugiere que incluso el carbono-14 es una cronología relativa, no absoluta, al igual que el resto de métodos: dendrocronología, termoluminiscencia, etcétera. Lo plantea como formas inconmensurables, esto es, como un intento de unificar lo que no puede unificarse, pero en última instancia usamos un calendario universal. Me imagino que esto puede plantear todo tipo de problemas, como el posible anacronismo de esa estatuilla romana que supuestamente revela a alguien con el síndrome de Crouzon.

C.W.: Has puesto el dedo en la llaga del papel del arqueólogo como relojero. Los arqueólogos separan de forma rutinaria lo que consideran métodos de datación absolutos, como el carbono-14, de aquellos métodos relativos, como la seriación de la cerámica. Dado que el carbono-14 se desintegra a un ritmo constante del cincuenta por ciento cada 5,730 años, tendemos a considerar trozos de carbono como pequeños relojes, cuando en realidad, lo que hacemos es entregar nuestra traducción a los físicos de los laboratorios, quienes proporcionan un análisis y una fecha dentro de un rango definido. Graham Harman señala esta cuestión (cómo traducimos los cuantos, los fragmentos irreductibles de la realidad, en continuos) como una gran paradoja que se remonta a Aristóteles. De hecho, todos los modos de datación implican la traducción de lo discreto en lo continuo, lo que exige que tratemos lo local (relativo) como medible en términos de lo universal (absoluto).

No te falta razón. El ejemplo de la estatuilla que mencionas implica un acto de traducción similar, donde las idiosincrasias locales se traducen en términos científicos universales. En este caso, las peculiaridades de la figura (sus rasgos faciales, sus ojos o sus asimetrías) se leen “iconodiagnósticamente” como una posible evidencia del síndrome de Crouzon. Por supuesto, esta interpretación se basa en una supuesta fidelidad. Se supone que la estatuilla actúa como una referencia muy específica de algo más allá de sí misma: es decir, apunta extrínsecamente a un modelo humano con estas características inexplicables. Tal vez sea así. Pero también podría relacionarse con una desviación estética que se asemeja a las malformaciones congénitas asociadas al síndrome de Crouzon. A diferencia del carbono-14, el análisis de la cerámica o la hidratación de la obsidiana, aquí nos encontramos con un ejemplo completamente singular (que no puede reafirmarse). Para que esta interpretación gane peso, habría que emprender un cuidadoso estudio comparativo con otras estatuillas del periodo (¿qué estilos y convenciones están presentes en otras estatuillas? Se deberían recurrir a asociaciones contextuales); los investigadores intentan vincular la figurilla con cultos a la salud y la protección en Bracara Augusta. 

Para mí, la incertidumbre última de no poder saber algo con certeza no es un problema, sino parte del atractivo y el asombro de trabajar con el pasado arqueológico.

A.L.: Parece haber grandes descubrimientos arqueológicos cada semana. Hace muy poco dieron con una espada del siglo VI en Kent, por ejemplo. Me gustó asomarme al pasado leyendo la noticia, aun sabiendo que conozco muy superficialmente ese periodo histórico.

C.W.: Estos nuevos descubrimientos nos acercan al pasado a través de su entrada en nuestro presente y nos recuerdan la naturaleza caótica del tiempo. A través del descubrimiento de la espada en Kent, un pasado previamente desconocido es ahora coextensivo con quienes vivimos en la actualidad, y de esta manera, nuestro presente está más cerca de ese pasado que cualquier presente del siglo XIX, independientemente de las distancias que haya en una línea de tiempo. Si de repente nos tropezáramos con los fragmentos perdidos de Aristóteles en un monasterio de Tesalónica, entonces la filosofía del siglo XXI se encontraría con aspectos del III antes de Cristo a un nivel más cercano que cualquier cosa que los filósofos modernos experimentaran antes de ese momento. Tales son los efectos de un tiempo no lineal, “percolativo”, y eso nos recuerda el poder del pensamiento topológico, que el libro analiza en profundidad.

Sobre Christopher Witmore:

Christopher Witmore es académico y profesor de Arqueología y Clásicos en la Universidad Tecnológica de Texas. Su investigación se centra en los paisajes de Grecia a largo plazo, la teoría arqueológica, los estudios de cosas; arqueología contemporánea y Antropoceno; y las relaciones entre los seres humanos, la tecnología y el medio ambiente.

Hallan una gran ciudad maya oculta por la vegetación


No se han difundido aún imágenes del hallazgo. En la imagen, el parque nacional Tikal de Guatemala. Dreamstime

Podría tratarse del principal sitio arqueológico maya por número de estructuras del mundo

Por Sofía Campos

Un equipo de arqueólogos ha descubierto, gracias a unos datos que estaban publicados en internet, más de 6.000 estructuras mayas antiguas ocultas por la vegetación en el estado de Campeche (sureste de México), incluida una ciudad con pirámides a la que han llamado "Valeriana". Según un estudio publicado en la revista "Antiquity", muchas de las más de 6.600 estructuras hasta ahora desconocidas para las autoridades mexicanas y la comunidad científica se encuentran cerca de asentamientos modernos.

A partir del análisis de unos datos obtenidos en 2013 con la técnica de detección por láser llamada LIDAR ("Laser Imaging Detection and Ranging") en el área objeto del estudio, situada en el centro-este de Campeche y con una superficie de unos 130 kilómetros cuadrados (aproximadamente 50 millas cuadradas) se descubrió "por accidente" la existencia de un "paisaje maya antiguo poblado y urbano", señalan los autores de la investigación.

"Nuestro análisis no solo reveló una imagen de una región que estaba densa de asentamientos, sino que también reveló mucha variabilidad", dijo el autor principal del estudio, Luke Auld-Thomas, de la Northern Arizona University, en un comunicado de prensa. "Valeriana" puede ser el principal sitio arqueológico maya por número de estructuras después de Calakmul, que es considerado el más grande, subraya la de América Latina.

Centro neurálgico maya

El área de Campeche donde se realizó el estudio se caracteriza por bosques tropicales, llanuras de piedra caliza y humedales estacionales y fue un centro neurálgico de la antigua civilización maya, en particular durante el Período Clásico (250 a 900 d.C.). "No solo encontramos áreas rurales y asentamientos más pequeños, también encontramos una gran ciudad con pirámides justo al lado de la única carretera de la zona, cerca de un pueblo donde la gente ha estado cultivando activamente entre las ruinas durante años", señaló Auld-Thomas. El investigador indicó que "hay mucho más por descubrir" en las llamadas Tierras Bajas Mayas centrales, una región en la parte sur de la península de Yucatán, que abarca partes de la actual Guatemala, Belice y los estados mexicanos de Campeche y Quintana Roo.

El equipo analizó los datos de LIDAR recopilados en 2013 por un grupo de científicos medioambientales mexicanos con un propósito diferente: medir y monitorear el carbono en los bosques de México. "Los científicos en ecología, silvicultura e ingeniería civil han estado utilizando estudios LIDAR para estudiar algunas de estas áreas con propósitos totalmente diferentes", dijo Auld-Thomas en el comunicado de prensa.

LIDAR es una técnica de teledetección que dispara miles de pulsos láser desde un avión y cartografía los objetos que se encuentran debajo utilizando el tiempo que tarda la señal en regresar. Pero cuando Auld-Thomas procesó los datos con métodos utilizados por los arqueólogos, vio lo que otros habían pasado por alto: una enorme ciudad antigua que puede haber albergado entre 30.000 y 50.000 personas en su apogeo, entre los años 750 y 850 d. C.

Fuente: La Razón

Mesa Redonda 'EN VOZ ALTA': MUJERES EN ATAPUERCA - Videopodcast en directo


Burgos, 24 de octubre de 2024. En el marco del 25º aniversario de la Fundación Atapuerca y la exposición “Mujeres en Atapuerca”, que permanecerá abierta hasta el 3 de noviembre, la Fundación Caja Rural y la Fundación Atapuerca han organizado una mesa redonda protagonizada por cinco mujeres clave del Proyecto Atapuerca, quienes también forman parte de dicha exposición. Este evento será parte de la primera edición del videopodcast "En voz alta", que se celebrará el martes 29 de octubre a las 19:00 horas en el salón de actos del Espacio Cajaviva (Avda. de la Paz, nº 2, Burgos), moderado por la periodista Rosalía Santaolalla. La charla coloquio contará con destacadas figuras vinculadas a los yacimientos de la sierra de Atapuerca y la asistencia será gratuita hasta completar aforo.

Durante el evento, las invitadas compartirán sus experiencias y debatirán sobre su papel en el proyecto, sus especialidades y los retos y desafíos que han enfrentado a lo largo de sus carreras. Tras el evento, el videopodcast estará disponible en el canal de YouTube de la Fundación Caja Rural de Burgos. Esta será la primera vez que Fundación Caja Rural realiza un evento en formato videopodcast, marcando un hito en su apuesta por la divulgación digital. El videopodcast "En voz alta" se presenta como una excelente oportunidad para conocer de cerca el trabajo de estas profesionales, así como los avances y retos en el ámbito de la arqueología y la investigación científica. Esta primera edición se ha querido dedicar a las mujeres del Proyecto Atapuerca por su destacada contribución al ámbito científico y arqueológico.

En esta ocasión, la mesa contará con la participación de: Eva Manrique, directora general de la Fundación Atapuerca; Clara Piñel, monitora arqueológica de la Fundación Atapuerca; Cristina Valdiosera y Rebeca García, del Equipo Investigador de Atapuerca (EIA) en la Universidad de Burgos (UBU); y Nohemi Sala, del EIA en el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH). 

Participantes:

Eva Manrique es licenciada en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Valladolid (UVA) y experta en Gestión de Fundaciones por la UNED. Está vinculada al Proyecto Atapuerca, a través de la Fundación Atapuerca desde el año 2000, y es directora general de la Fundación Atapuerca.

Clara Piñel es licenciada en Historia del Arte por la Universidad de Salamanca (USAL) y monitora arqueológica de los yacimientos de la sierra de Atapuerca desde 2008 hasta la actualidad, los trece últimos años como miembro del equipo de la Fundación Atapuerca.

Cristina Valdiosera es doctora en Arqueogenómica por la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y miembro del Equipo Investigador de Atapuerca (EIA) desde 2003. Actualmente lidera un Proyecto ERC Advanced (AdMEXture) en el Laboratorio de Evolución Humana (LEH) de la Universidad de Burgos (UBU).

Rebeca García es doctora en Paleontología por la Universidad de Burgos (UBU) y miembro del EIA desde 2002. Es investigadora del Laboratorio de Evolución Humana (LEH) de Burgos y docente de la Universidad de Burgos (UBU). Fue beneficiaria de una ayuda de investigación de la Fundación Atapuerca entre 2007 – 2009.

Nohemi Sala es doctora en Paleontología en la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y miembro del EIA desde 2004. Además, es investigadora del programa Ramón y Cajal en el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) de Burgos e investigadora principal del proyecto europeo DEATHREVOL.

Exposición:

“Mujeres en Atapuerca” es una muestra que pone en valor la labor de mujeres, en su mayoría científicas, reconocidas a nivel nacional e internacional por su contribución en diferentes disciplinas relacionadas con la evolución humana. Estas mujeres no solo representan un referente en el ámbito científico, sino que también inspiran a las nuevas generaciones de investigadoras.

A lo largo de los años, la presencia femenina en el Proyecto Atapuerca ha crecido notablemente, con mujeres ocupando roles de liderazgo tanto en la dirección de instituciones como en la coordinación de yacimientos y proyectos de investigación. La Fundación Atapuerca y el EIA han sido pioneros en la promoción de la igualdad de género, alineándose con el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 5 de las Naciones Unidas, que aboga por la equidad de género. Hace dos décadas, la Fundación Atapuerca ya inauguró una exposición similar sobre este tema, y hoy, el propósito sigue siendo el mismo: dar visibilidad al trabajo y la importancia de las mujeres en el Proyecto Atapuerca.

Esta iniciativa cuenta con la colaboración principal de la Fundación Caja Rural, benefactor de la Fundación Atapuerca, que ha ampliado su apoyo para la realización de esta exposición en el marco del 25º aniversario de la Fundación Atapuerca. La relación entre ambas entidades, que comenzó en 2008, sigue siendo fundamental para el desarrollo de proyectos que impulsan el avance científico y cultural en el entorno rural.

Detalles de la exposición

Exposición: "Mujeres en Atapuerca"

Organiza: Fundación Atapuerca

Colaborador principal: Fundación Caja Rural

Comisaria: María Cristina Fernández Laso

Fechas: Hasta el 3 de noviembre de 2024

Lugar: Sala de Exposiciones de Cajaviva Caja Rural, Avenida de la Paz, 2. (Burgos).

Horario: de martes a viernes: 19:00 h – 21:00 h. Sábados: 12:00 h – 14:00 h y 19:00 h – 21:00 h. Domingos: 12:00 h – 14:00 h. Lunes: Cerrado


CONSTRUYENDO UNA RED EUROPEA DE ARQUEOLOGÍA: CLAVE PARA SUPERAR LA CRISIS DEL SECTOR


Presentación general del proyecto “Creando redes europeas en la arqueología profesional” con énfasis en la problemática del Plan Nacional de Arqueología y el Estatuto del Artista y del Trabajador Cultural.

● Ante la crisis actual a la que se enfrentan los profesionales de la arqueología, el proyecto “Creando redes europeas en la arqueología profesional” tiene como objetivo la realización de encuentros profesionales de formación y debate entre empresas y profesionales de Arqueología de España con varios países de la Unión Europea, buscando, como fin último, la creación de una red común de cooperación.

● Entre los temas que se tratarán, destacan el Estatuto de Artista y del Trabajador Cultural, que no se termina de materializar dejando en el aire la necesaria creación de un epígrafe específico para los profesionales de la arqueología; y el Plan Nacional de Arqueología, para cuya redacción en proceso no se ha tenido en cuenta a ninguna asociación profesional y que será vital para regular la cualificación necesaria que deben tener los profesionales que realizan los trabajos arqueológicos.

● La presentación del proyecto se celebrará la jornada del próximo viernes 18 de octubre a partir de las 10:00h en el Salón de Grados del Aulario de Las Nieves en el Campus de UPV/EHU de Vitoria-Gasteiz. Acceso libre.

● El evento contará, entre otros, con la participación de Txema Urkijo, asesor coordinador para el desarrollo del Estatuto del Artista en el Gabinete del Ministerio de Cultura, y Marta Arcos García, Coordinadora del Plan Nacional de Arqueología.

[10.10.2024] El proyecto “Creando redes europeas en la arqueología profesional” tiene como objetivo trabajar en la consolidación profesional de la arqueología, el reconocimiento de su regulación y la cohesión territorial a nivel europeo. Surge a raíz de las inquietudes manifestadas por la Plataforma de Profesionales de la Arqueología (PEPA), plataforma que representa a profesionales de todas las comunidades autónomas que desarrollan su actividad profesional en territorio nacional.

La PEPA se constituyó en 2021 con el objetivo de llevar a cabo planes estratégicos y acciones para la consolidación y reconocimiento de la profesión de la arqueología, desde los puntos de vista administrativo, legal y social, la unión del colectivo y el apoyo mutuo entre profesionales y entre los diferentes colegios profesionales, asociaciones y colectivos de diferentes zonas geográficas del estado español.

Gracias al proyecto “Creando redes europeas en la arqueología profesional” se lleva a la acción las preocupaciones de la PEPA mediante la realización de encuentros profesionales de formación y debate entre empresas y profesionales de arqueología de España con varios países de la Unión Europea, buscando, como fin último, la creación de una red común de cooperación entre los profesionales de la arqueología y, de esta manera, facilitar la consecución de un marco único, de opinión, social y legislativo, en el que la arqueología consigan sinergias.

El diagnóstico general de los profesionales de la arqueología en España es el de crisis del sector (económica, de reconocimiento institucional, de valor social) y su propuesta es afrontar esa crisis desde un marco europeo compartido. El convencimiento de que la consecución de ese objetivo facilitará la generación de empleo y la comprensión del trabajo arqueológico por parte de la sociedad, y, por tanto, contribuirá a facilitar el estudio, la conservación y la difusión del patrimonio arqueológico europeo es el motor del proyecto.

La materialización del mismo se traducirá en diversas acciones formativas, talleres y jornadas que se sucederán hasta octubre de 2025 en ciudades como Oporto, Santander, Madrid y Alcalá de Henares. El proyecto está financiado por el Ministerio de Cultura a través del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia con fondos NexGenerationEU de la Unión Europea, el Gobierno de Cantabria, el Gobierno Vasco y la Universidad del País Vasco (UPV).

La presentación del proyecto tendrá lugar el próximo 18 de octubre en el Aulario de Las Nieves (Campus de UPV/EHU de Vitoria-Gasteiz). El formato consistirá en una Mesa de Diálogo Abierta al Público que contará con la presencia de representantes de instituciones culturales a nivel nacional y arqueólogos profesionales pertenecientes a la Plataforma Estatal de Profesionales de la Arqueología (PEPA). Por parte del Ministerio de Cultura asistirán: Txema Urkijo, asesor coordinador para el desarrollo del Estatuto del Artista, y Marta Arcos García, Coordinadora del Plan Nacional de Arqueología.

En representación del Gobierno Vasco está pendiente la persona participante y, en nombre de la Universidad del País Vasco, participará Belén Bengoetxea, decana de la Facultad de Letras y profesora del Departamento de Geografía, Prehistoria y Arqueología de la UPV/EHU.


Los puntos a tratar son los siguientes:

● La Arqueología profesional en Euskadi como caso de estudio. Análisis y retos de la praxis arqueológica en esta comunidad autónoma y su paralelismo con el resto de comunidades.

Plan Nacional de Arqueología. Se encuentra en la actualidad en proceso de redacción por parte del Ministerio de Cultura junto con las comunidades autónomas.

Su redacción debería finalizar a finales de este año. Entre otros, busca dar solución a algunos de los temas que más han preocupado a la profesión: la regulación de la cualificación necesaria que deben tener los profesionales que realizan los trabajos arqueológicos. A día de hoy, la Administración General del Estado no lo contempla, algunas autonomías exigen únicamente titulación (como la Comunidad Valenciana, que exige en su reglamento poseer “licenciatura en Geografía, Historia o Humanidades o grado en estas materias más máster”) mientras otras, además, hablan de la necesidad de “experiencia demostrada en la actividad para la que se solicita la autorización” (reglamento Xunta de Galicia). Esta disparidad provoca diferencias a la hora de ejercer la profesión en el país.

La existencia de este Plan supone el primer reconocimiento institucional a la profesión por parte del Ministerio de Cultura. Sin embargo, para su redacción, no se ha tenido en cuenta a la profesión, ni asociaciones profesionales ni asesores externos.

Estatuto del Artista y del Trabajador Cultural. Este conjunto de medidas a nivel nacional no se termina de materializar, dejando en el aire la necesaria creación de un epígrafe específico para los profesionales de la arqueología así como la aplicación de un IVA cultural acorde a la situación del colectivo.

Al día siguiente de la jornada de presentación del proyecto, el sábado 19 de octubre también en Vitoria, se celebrará la II Asamblea de la PEPA a puerta cerrada y únicamente para asociados donde se dará cuenta de lo realizado en el último año en la Plataforma y los siguientes pasos a seguir.

El ADN antiguo arroja luz sobre la diversidad genética de las élites post-romanas

Collegno, tumba n° 150. Elemento final de un cinturón para la guarda y suspensión de un armas de hierro con incrustaciones de plata y latón.

Un nuevo estudio de ADN antiguo realizado por un equipo de investigadores internacionales y codirigido por Krishna R. Veeramah, Dr. de la Universidad Stony Brook del Estado de New York, proporciona información sobre el desarrollo y las estructuras sociales de las comunidades rurales europeas después de la caída del Imperio Romano.

Los hallazgos, publcados en un artículo en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias (PNAS), sugieren que las élites medievales tempranas, o aquellas de estatus social más alto, estaban formadas inicialmente por múltiples familias con ascendencias genéticas distintas. Sin embargo, con el tiempo, estas familias se casaron entre sí, y también las comunidades locales integraron a otros recién llegados, genéticamente diversos, con una variedad de orígenes sociales y culturales diferentes.

El equipo de investigación combinó datos paleogenómicos, arqueológicos e isotópicos para arrojar luz sobre la comunidad que utilizó un cementerio en Collegno, Italia, como lugar de enterramiento durante los siglos VI al VIII d.C. Los investigadores secuenciaron y analizaron los genomas de 28 individuos de dicho cementerio e incorporaron datos de 24 genomas publicados previamente. También estudiaron los patrones de movilidad social, así como de enterramiento y dieta de los individuos.

"Cuando el Imperio Romano colapsó, no sabíamos mucho sobre cómo se formaron las nuevas comunidades, pero muchas de las mismas serían la base demográfica de los países europeos modernos", explica Veeramah (izquierda), profesor asociado en el Departamento de Ecología y Evolución de la Facultad de Artes y Ciencias, y directora del Laboratorio Veeramah, que se dedica al estudio de la genómica evolutiva.

"Nuestro estudio revela que estas élites eran en términos genéticos sorprendentemente diversas y, en el proceso de creación de nuevas comunidades europeas en la era medieval, familias con ascendencia genética diversa se unieron para formar grupos gobernantes".

"En 2018, nuestro equipo publicó un artículo que establecía similitudes genómicas y culturales entre Collegno/Szólád, un pueblo en la Hungría moderna que mostraba una correspondencia significativa entre individuos con ascendencia del norte de Europa en ambos lugares de enterramiento", agrega Patrick Geary (derecha), Dr. del Instituto de Estudios Avanzados.

"Nuestro nuevo estudio sigue la transformación de esta comunidad italiana a lo largo de un siglo y muestra cómo nuevos grupos se trasladaron y se fusionaron con los habitantes existentes", agrega el Dr. Geary.

Los investigadores descubrieron que la comunidad de Collegno se creó inicialmente y se organizó en torno a una red de individuos estrechamente relacionados, probablemente procedentes de varias familias de la élite, pero con el tiempo evolucionaron hasta convertirse en un único linaje extendido que abarcó al menos cinco generaciones.

Collegno, tumba 143. Elementos de cinturón 'múltiples' de hierro con incrustaciones de plata y latón.

Veeramah y sus colegas creen que los individuos de este linaje tenían un rango más alto en la sociedad debido a sus dietas más ricas y a los objetos con los que fueron enterrados, muy detallados y probablemente más costosos, tales como armas y cinturones muyb elaborados.

Los hallazgos también muestran que, si bien la comunidad de Collegno fue establecida inicialmente por estas familias de élite, la mayoría de las cuales provenían del norte de Europa, la comunidad luego incorporó a individuos de otros orígenes y antecedentes genéticos, incluidos lugareños de los alrededores.

Fuente: stony Brook New York | 22 de agosto de 2024

Nuevas evidencias de Papúa Occidental ofrecen nuevas pistas sobre cómo y cuándo los humanos se trasladaron por primera vez al Pacífico

Proyecto arqueológico Tristan Russell/Raja Ampat.

En el pasado remoto de la humanidad, navegantes muy hábiles emprendieron audaces travesías desde Asia hasta las islas del Pacífico. Fue una migración de importancia mundial que dio forma a la distribución de nuestra especie, el Homo sapiens, en todo el planeta.

Estos marineros se convirtieron en los antepasados ​​de las personas que hoy viven en la región, desde Papúa Occidental hasta Aotearoa Nueva Zelanda. Sin embargo, para los arqueólogos, el momento preciso, la ubicación y la naturaleza de estas dispersiones marítimas no están claros.

Por primera vez, nuestra nueva investigación proporciona evidencia directa de que los marineros viajaron a lo largo del ecuador para llegar a las islas cercanas a la costa de Papúa Occidental hace más de 50 milenios.

Excavaciones en la puerta de entrada al Pacífico

Nuestro trabajo de campo arqueológico en la isla Waigeo, en el archipiélago Raja Ampat de Papúa Occidental, representa la primera colaboración internacional importante de este tipo, en la que participan académicos de Nueva Zelanda, Papúa Occidental, Indonesia y otros lugares.

Centramos nuestras excavaciones en la cueva Mololo, una colosal cámara de piedra caliza rodeada de selva tropical. Se extiende a lo largo de cien metros de profundidad y es el hogar de colonias de murciélagos, lagartos varanos y alguna que otra serpiente. En el idioma local Ambel, Mololo significa el lugar donde se juntan las corrientes, un nombre apropiado para las aguas agitadas y los grandes remolinos en los estrechos cercanos.

Los arqueólogos Daud Tanudirjo y Moses Dailom excavando en la cueva de Mololo. Tristan Russell , CC BY-SA

La excavación descubrió varias capas de ocupación humana asociadas con artefactos de piedra, huesos de animales, conchas y carbón, todos restos físicos descartados por los antiguos humanos que vivían en la cueva.

Estos hallazgos arqueológicos fueron raros en las capas más profundas, pero la datación por radiocarbono en la Universidad de Oxford y la Universidad de Waikato demostró que los humanos vivían en Mololo al menos 55.000 años antes de la actualidad.

Búsqueda de alimentos en la selva tropical

Un hallazgo clave de la excavación fue un artefacto de resina de árbol fabricado en esa época. Se trata del ejemplo más antiguo de resina utilizada por personas fuera de África y pone de manifiesto las complejas habilidades que los humanos desarrollaron para vivir en las selvas tropicales.

El artefacto de resina de árbol encontrado en la cueva de Mololo data de hace entre 55.000 y 50.000 años. El gráfico muestra cómo pudo haberse fabricado y utilizado. Dylan Gaffney , CC BY-SA.

El análisis con microscopio electrónico de barrido indicó que el artefacto se produjo en varias etapas. Primero se cortó la corteza de un árbol productor de resina y se dejó que ésta goteara por el tronco y se endureciera. Luego, la resina endurecida se moldeó.

Se desconoce la función del artefacto, pero es posible que se haya utilizado como fuente de combustible para las hogueras dentro de la cueva. Durante el siglo XX se recogió resina similar en Papúa Occidental y se utilizó para hacer fuego antes de que se introdujeran el gas y la iluminación eléctrica.

Nuestro estudio de los huesos de animales de Mololo indica que la gente cazaba aves terrestres, marsupiales y posiblemente murciélagos gigantes. A pesar de que la isla Waigeo es el hogar de animales pequeños que son difíciles de capturar, la gente se estaba adaptando a utilizar los recursos de la selva tropical junto con los alimentos costeros que las islas ofrecen con facilidad. Este es un ejemplo importante de la adaptación y flexibilidad humanas en condiciones difíciles.

Ejemplo moderno de resina de árbol de las islas Raja Ampat utilizada para encender un fuego. Dylan Gaffney , CC BY-SA

Rutas marítimas hacia el Pacífico

La excavación de Mololo nos ayuda a aclarar el momento preciso en que los humanos se trasladaron al Pacífico. Este momento es objeto de un intenso debate porque tiene importantes implicaciones para la rapidez con la que nuestra especie se dispersó desde África hacia Asia y Oceanía.

También tiene implicaciones sobre si las personas llevaron a la extinción a la megafauna oceánica, como los canguros gigantes (Protemnodon) y los wombats gigantes (Diprotodontids), y cómo interactuaron con otras especies de homínidos como el "hobbit" (Homo floresiensis) que vivió en las islas de Indonesia hasta hace unos 50.000 años.

Los arqueólogos han propuesto dos corredores marítimos hipotéticos que conducen al Pacífico: una ruta hacia el sur hasta Australia, y otra ruta hacia el norte, hasta Papúa Occidental.

En lo que hoy es el norte de Australia, las excavaciones indican que los humanos pueden haberse asentado en el antiguo continente de Sahul, que conectaba Papúa Occidental con Australia, hace 65.000 años.

Sin embargo, los hallazgos de Timor sugieren que la gente se desplazaba por la ruta del sur hace solo 44.000 años. Nuestro trabajo respalda la idea de que los primeros navegantes cruzaron por la ruta del norte hacia Papúa Occidental y luego se trasladaron a Australia.

Dos posibles rutas marítimas desde Asia hasta la región del Pacífico: una ruta septentrional a lo largo del ecuador hasta Raja Ampat y una ruta meridional vía Timor hasta Australia. Dylan Gaffney , CC BY-SA.

Papúa Occidental: un enigma arqueológico

A pesar de nuestras investigaciones, todavía sabemos muy poco sobre el pasado humano profundo en Papúa Occidental. La investigación ha sido limitada debido principalmente a la crisis política y social de la región.

Es importante destacar que nuestra investigación muestra que los primeros habitantes de Papúa Occidental eran sofisticados, muy móviles y capaces de idear soluciones creativas para vivir en pequeñas islas tropicales. Las excavaciones en curso de nuestro proyecto tienen como objetivo proporcionar más información sobre cómo la gente se adaptó a los cambios climáticos y ambientales en la región.

Sabemos por otros sitios arqueológicos en el país independiente de Papúa Nueva Guinea que una vez que los humanos llegaron a la región del Pacífico, siguieron aventurándose hasta las Tierras Altas de Nueva Guinea, el Archipiélago de Bismarck y las Islas Salomón hace 30.000 años.

No fue hasta hace unos 3.000 años que los navegantes se trasladaron más allá de las Islas Salomón para colonizar las islas más pequeñas de Vanuatu, Fiji, Samoa y Tonga. Sus descendientes viajaron más tarde hasta Hawái, Rapa Nui y Aotearoa.

Trazar un mapa de la arqueología de Papúa Occidental es vital porque nos ayuda a entender de dónde vinieron los antepasados ​​del Pacífico en general y cómo se adaptaron a vivir en este nuevo y desconocido mar de islas.

Plantillas de manos de edad desconocida de las islas Raja Ampat. Tristan Russell , CC BY-SA

Fuentes: theconversation | ox.ac.uk| 13 de agosto de 2024

Los autores agradecen la contribución de Abdul Razak Macap, antropólogo social del Centro Regional de Patrimonio Cultural en Manokwari.

Un estudio sobre la primera iglesia del mundo, en Dura Europos (Siria), cuestiona los orígenes de su estructura edificativa

Una de las ruinas del yacimiento de Dura Europos. Wikimedia Commons

A mediados del siglo III d.C. el Imperio Romano tembló. Florecientes ciudades se abandonaron, la moneda perdió valor y los bárbaros asediaron el limes. En medio del caos de usurpadores y legiones sublevadas los emperadores se decidían a golpe de espada. En oriente, bañada por el sol de Siria y acariciada por las aguas del Éufrates, la ciudad romana de Dura Europos quedó sitiada por un furioso ejército persa sasánida. En la desesperada defensa se intentó reforzar su muralla occidental con un terraplén que enterró numerosos edificios.

Al final, los persas conquistaron la ciudad al asalto y quedó abandonada sobre el año 256, pero los hogares enterrados bajo el terraplén se conservaron. Entre ellos estaba una casa en la que los primeros cristianos se reunían de forma clandestina para celebrar sus ritos y liturgias. Se trata de la primera iglesia cristiana de la que se tiene constancia cuando su fe estaba perseguida, oculta en el interior de un hogar, una domus ecclesiae.

Un nuevo estudio publicado en el Journal of Roman Archaeology desafía las ideas tradicionales sobre este espacio de culto y el cristianismo primitivo. "El edificio cristiano tenía poco que ver con un espacio doméstico en Dura Europos y, por lo tanto, pone en tela de juicio la narrativa de los orígenes materiales del cristianismo primitivo", afirma en una nota de prensa Camile Leon Angelo (izquierda), investigadora del Departamento de Estudios Religiosos de la Universidad de Yale y principal autora del artículo que además desafía la validez del término domus ecclesiae.

Hasta hoy estaba aceptado que esta domus ecclesiae, reformada en el año 234, era una de tantas residencias privadas adecuadas al culto por las primeras comunidades cristianas, tal como se hace referencia en el Nuevo Testamento. "Y habiendo considerado esto, llegó a casa de María la madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban reunidos orando", reza 'Hechos de los Apóstoles' en su capítulo 12, versículo 12.

Plano de la ciudad de Dura realizado por AH Detweiler (Colección Dura-Europos, YUAG, neg. Y-733 ), anotado con nombres de estructuras y bloques por JA Baird. (Cortesía de JA Baird.).

Su descubrimiento se realizó entre 1920 y 1930 en unas campañas de excavación realizada por arqueólogos de la Universidad de Yale y la Academia Francesa de Inscripciones y Letras. En su investigación también desenterraron una sinagoga y un mitreo, es decir, un templo dedicado a un críptico y oscuro dios (Mitra) adorado por las legiones. Los tres templos estaban en el mismo barrio y permanecieron en uso hasta mediados del siglo V d. C., cuando los sasánidas sitiaron la ciudad, la población fue desplazada y el lugar fue enterrado.

"Ahora bien, no decimos 'casa sinagoga' o 'casa Mitreo', sino que permitimos que se sostengan conceptualmente por sí mismas", sostiene Leon Angelo. "Entonces, si tenemos un edificio que sigue la misma trayectoria arquitectónica en la ciudad, ¿por qué enfatizamos los orígenes domésticos de la estructura? Queríamos saber qué tan doméstico era y cómo lo habría visto la comunidad".

Planta-perspectiva del edificio cristiano (M8-A): (a) antes de su renovación para uso de la comunidad cristiana; (b) después de su renovación para uso de la comunidad cristiana. (C. Leon Angelo y J. Silver.)

Para responder a estas preguntas, los investigadores analizaron todos los informes de excavación archivados en la Universidad de Yale sobre el yacimiento sirio para comprender cómo eran las casas de Dura Europos, qué contenían y qué funciones cumplían. Después de comprender a fondo lo que constituía el espacio doméstico para esa comunidad, lo compararon con las características de los edificios cristianos y encontraron diferencias significativas.

De ese período han persistido dos suposiciones engañosas: primero, que las casas renovadas para uso de la comunidad cristiana eran omnipresentes en todo el Imperio Romano en el siglo III; y segundo, que esas casas en ese momento habrían sido designadas domus ecclesiae o οἶκος τῆς ἐκκλησίας. Sin embargo, ni la evidencia arqueológica ni la literaria apoyan estas afirmaciones.

Ruinas de la casa-iglesia. Wikimedia Commons.

No había cocina ni agua

En el edifico cristiano objeto de estudio se conservaron pinturas murales. Hay una escalera en el patio, pero no se documentó ninguna cisterna para almacenar agua potable. Ninguno de los demás hogares comparados tenía características similares. Además, la eliminación de la cisterna y de la zona dónde preparaban los alimentos sugiere que no interactuaban con el espacio de reunión como si fuera una vivienda.

Sus habitaciones de la planta baja también fueron modificadas para crear una única sala bastante grande, y otra, utilizada como baptisterio, excepcionalmente pequeña en comparación con otras casas de la ciudad.

Además, los investigadores estudiaron los cambios en la forma en que la gente circulaba por las habitaciones, así como el uso de diferentes superficies y formaciones de asientos, lo que sugiere todo ello un alejamiento del entorno doméstico. Además se utilizaron simulaciones de cambios en la luz solar para determinar hasta qué punto ciertas renovaciones del edificio significaban una mayor superficie de las habitaciones que daban al patio y podían utilizarse en más momentos del día sin necesidad de lámparas o velas.

Simulación de la iluminancia anual acumulada del edificio cristiano (M8-A) después de la adaptación; vista desde la sala 2, mirando hacia el suroeste. La entrada a la sala 4 está a la izquierda y la entrada a la sala 5 está a la derecha (parámetros de render: 253 d. C., ventanas y puertas abiertas; escala: 0-1500 lx). (C. Leon Angelo y J. Silver.).

"Los diálogos en el ámbito académico y en la cultura popular dan la impresión de que, antes del emperador Constantino (306-307 d.C.), los cristianos se reunían y celebraban sus cultos en espacios pseudodomésticos", continúa Leon Angelo. "Pero si este espacio cristiano de Dura Europos es el único ejemplo con una fecha segura que tenemos, y que, de hecho, no era particularmente o ni siquiera algo doméstico, ¿por qué se sigue manteniendo esta percepción?"

"Estos datos tienen mucho peso y poder", afirmó Leon Angelo, consciente de las reacciones que puede desatar en el mundo académico su cambio de paradigma. "También nos interesa profundamente el cristianismo primitivo, pero queremos hacer justicia a la comunidad cristiana de Dura Europos y a su historia e intentar comprenderlos en sus propios términos, en lugar de a través de suposiciones que los académicos han proyectado sobre su espacio".

Fuentes: elespanol.com | cambridge.org | 16 de agosto de 2024

Descubren en Turquía (tras un terremoto) una tablilla cuneiforme de la Edad del Bronce que describe una compra enorme de muebles

Un grupo de arqueólogos ha descubierto una pequeña tablilla cuneiforme en el lugar donde se encontraba la antigua ciudad de Alalakh. Crédito: Murat Akar/Universidad Mustafa Kemal.

Un grupo de arqueólogos descubrió una pequeña tablilla de 3.500 años de antigüedad inscrita con escritura cuneiforme durante las excavaciones realizadas en un lugar de Turquía que podría arrojar luz sobre cómo era la vida durante la Edad del Bronce Tardía.


La escritura cuneiforme, una de las formas más antiguas de escritura, se utilizaba en todo el antiguo Medio Oriente. La misma registraba el sumerio, el acadio y otras lenguas de Mesopotamia, la región donde se desarrolló la primera civilización conocida del mundo y que ahora es Iraq y partes de Irán, Siria y Turquía. Escribas muy instruidos crearon los característicos caracteres en forma de cuña utilizando cañas en tablillas de arcilla.

La tablilla recién encontrada, que data del siglo XV a.C., parece haber servido como un recibo desglosado. Está escrita en cuneiforme acadio y describe la compra de una gran cantidad de muebles.

"Creemos que esta tablilla, que pesa 28 gramos, aportará una nueva perspectiva para comprender la estructura económica y el sistema estatal de la Edad del Bronce Tardía", declaró Mehmet Ersoy (izquierda), ministro de Cultura y Turismo de Turquía, en un comunicado.

La tablilla sólo mide 4,2 por 3,5 centímetros y tiene un grosor de 1,6 centímetros. Los investigadores encontraron el artefacto fuera de la puerta de la antigua ciudad de Alalakh, ahora conocida como el montículo y yacimiento arqueológico de Tell Atchana.

Yacimiento yacimiento arqueológico de la antigua ciudad de Alalakh.

Pero quizás lo más sorprendente es que la diminuta tablilla fue encontrada en julio durante los trabajos de restauración tras los devastadores terremotos ocurridos en la región. Tras la catástrofe natural, la arqueología se ha convertido en una forma de restauración y recuperación para la comunidad, declaró el director de la excavación, el Dr. Murat Akar (derecha).

Un pedido antiguo de muebles

"El arqueólogo británico sir Leonard Woolley excavó por primera vez la ciudad de Alalakh en la década de 1930, y descubrió un archivo de tablillas cuneiformes en una fortaleza contigua a la puerta de la ciudad", explica el Dr. Jacob Lauinger, profesor asociado de Asiriología en la Universidad Johns Hopkins de Baltimore. "La nueva tablilla procede o bien de ese mismo archivo de tablillas o bien de otro no excavado en la fortaleza, y que llegó hasta la puerta en algún momento", dijo Lauinger.

Lauinger y Zeynep Türker, una estudiante de doctorado del departamento de estudios de Medio Oriente de la Universidad Johns Hopkins, han traducido y estudiado la tablilla junto con Murart Akar, que es profesor asociado del departamento de Arqueología de la Universidad Mustafa Kemal de Turquía.

Fotografía de la tablilla cuneiforme en lugar de su descubrimiento.

Los hallazgos se publicarán en un estudio revisado por expertos dirigido por Türker, pero de momento, su traducción de la tablilla revela la compra de unas 200 o más mesas, sillas y taburetes de madera. Aunque otras tablillas de Alalakh mencionan la producción de muebles en el sitio, nada ha alcanzado la escala de los enumerados en la tablilla recién descubierta, dijo Lauinger.

El equipo está investigando las conexiones de esta tablilla con otras desenterradas por Woolley, así como con tablillas cuneiformes que mencionan muebles en otros yacimientos de la Edad del Bronce Tardío.

"Las tablillass de carácter administrativo, como la hallada en Alalakh, registraban el número de materias primas y productos acabados que los trabajadores del palacio creaban, distribuían y utilizaban", explica Lauinger.

"Por ello, proporcionan una visión increíble de la antigua sociedad y economía de Alalakh. ¡Estamos leyendo literalmente las cuentas de un antiguo contador de hace casi 3.500 años!". dice Lauinger en un correo electrónico.

Pero el equipo también está intentando discernir cómo encaja la tablilla en el contexto más amplio de la sociedad que vivía en la antigua ciudad en aquella época. Los investigadores creen que los muebles se construyeron más o menos al mismo tiempo y no en lotes de pequeños pedidos que se fueron acumulando con el tiempo. Ahora, el equipo quiere explorar los diferentes escenarios históricos que habrían requerido tantos muebles.

"¿Fue para alguna ocasión especial en Alalakh, como un matrimonio real?", se pregunta Lauinger. "¿Pudo ser para un festival religioso? ¿Producía Alalakh muebles para la exportación? Esperemos poder empezar a descartar algunos de estos escenarios y así defender otros como más probables".

Los arqueólogos siguen estudiando la tablilla para poder completar la información que de la misma se desprende. Crédito: Murat Akar/Universidad Mustafa Kemal.

Salvar una ciudad perdida

"Una vez que concluyeron las excavaciones de Woolley a finales de la década de 1940, el yacimiento se dejó deteriorar durante casi un siglo y la naturaleza reclamó Tell Atchana", según Akar. El sitio se encontraba en un estado frágil y casi irreconocible tras haber sido cubierto por una espesa maraña de una planta silvestre de raíces profundas llamada mezquite sirio cuando Akar y sus colegas comenzaron a transformarlo en 2012.

El equipo emprendió en 2019 la ardua tarea de proteger, reforzar y preservar la arquitectura de adobe de la antigua ciudad, pero en febrero de 2023 se produjeron varios terremotos a lo largo de una falla situada a un kilómetro de Tell Atchana. Un terremoto de magnitud 7,8 sacudió 11 ciudades del sureste de Turquía y el norte de Siria el 6 de febrero de 2023, seguido de otro de magnitud 7,5 nueve horas después. Un tercer sismo de magnitud 6,3 y 40.000 réplicas se produjeron 14 días después. Se perdieron decenas de miles de vidas.

Algunas secciones de las nuevas zonas de excavación del yacimiento se derrumbaron y las exposiciones a gran escala de las investigaciones de Woolley sufrieron graves daños. Sin embargo, el complejo de investigación arqueológica que utilizaba el equipo permaneció en pie y se convirtió en un centro de apoyo humanitario durante los primeros meses tras los terremotos, según un estudio de julio del que Akar y sus colegas son coautores y que se publicó en la revista académica Journal of Field Archaeology.

Las secuelas de un terremoto mortal en Hatay, Turquía, se ven el 9 de febrero de 2023. Crédito: Emilie Madi/Reuters.

"Al cabo de unos meses, la restauración y las excavaciones se reanudaron en el yacimiento para proporcionar un entorno a los estudiantes traumatizados por los impactos del terremoto", explica Akar. Para compensar los daños causados por los seísmos, la comunidad local fabricó unos 4.500 ladrillos de barro durante la temporada de 2023.

"Hemos utilizado la arqueología también como medio de recuperación y curación", subraya Akar. "La continuación del trabajo en el yacimiento después del terremoto fue igualmente importante, ya que proporcionó ingresos a la comunidad local y una forma de preservar su propio patrimonio cultural".

"Ocurrió durante las nuevas excavaciones en Tell Atchana cuando se encontró la tablilla cuneiforme. A medida que continúen las excavaciones, el equipo de investigación siente curiosidad por ver si aparecen más tablillas similares en una parte de la fortaleza que Woolley nunca excavó", advierte Lauinger. "Algunos arqueólogos pasan toda su carrera sin encontrar tablillas cuneiformes, así que se trata, sin duda, de un hallazgo raro y emocionante", concluye Lauinger.

Fuente: cnnespanol.cnn.com | 16 de agosto de 2024

Crece el misterio de Stonehenge: la Piedra del Altar fue transportada más de 750 kilómetros en un increíble viaje desde Escocia

Una fotografía aérea muestra el monumento neolítico Stonehenge, ubicado en Wiltshire, Inglaterra. David Goddard / Imágenes Getty.

Todos los años, millones de personas visitan Stonehenge: sus enigmáticas piedras dispuestas en formas circulares concéntricas llevan atrayendo nuestra atención durante siglos. Entre ellas hay una que, a pesar de ser de las más grandes y estar en la zona central, pasa desapercibida para el ojo poco entrenado.

Se trata de la conocida como Piedra del Altar (la más grande de las piedras azules utilizadas para construir Stonehenge, es un bloque grueso que pesa 6 toneladas métricas y se encuentra en el centro del círculo de piedras enterrada, seguramente por la acción de las enormes moles que ahora yacen sobre ella. Esa roca verdosa apenas perceptible a la vista, que cuando llueve o nieva queda totalmente sepultada por el agua, guardaba un secreto que ahora acaba de ser revelado: cazadores recolectores que vivieron hace más de cuatro milenios la trajeron a Stonehenge desde lo que hoy es Escocia, a más de 750 kilómetros de distancia. Y eso la convierte en la protagonista del viaje más largo registrado para cualquier piedra utilizada en un monumento de ese período. Los resultados acaban de publicarse en la revista Nature.

La Piedra del Altar se puede ver debajo de dos piedras Sarsen más grandes. Nick Pearce / Universidad de Aberystwyth.

En el centro del monumento, señalado en rojo, la Piedra del Altar.

Aunque no se sabe con certeza, se cree que Stonehenge fue construido por los pobladores del Neolítico del sur de Inglaterra en diferentes fases hace entre 4.000 y 5.000 años. También se desconoce su uso, si bien parece ser un lugar donde vida y muerte se mezclaban a menudo: por un lado, aquellas piedras servían para predecir cuándo llegaba una nueva estación gracias a cómo incidían los rayos del Sol sobre ellas; por otro, las varias docenas de tumbas halladas a su alrededor indican que aquello fue, además, un lugar de enterramiento.

Y, con el paso de los años, y a pesar de los avances de la ciencia y la tecnología, la leyenda de misterio de Stonehenge no ha hecho más que acrecentarse. Los geólogos pronto se dieron cuenta de que allí había dos tipos de piedras: las 'sarsen', las cuales proceden de West Woods, cerca de Marlborough, a unos 25 kilómetros de distancia; son las que conforman los bloques de piedra más representativos del yacimiento y tienen su origen en la cercana área sur de Wiltshire. Y las bautizadas como 'piedras azules' -llamadas así porque al estar mojadas emiten un reflejo de este color-, rocas 'extranjeras' que fueron extraídas hace cinco milenios de las colinas de Preseli, en en Pembrokeshire, al oeste de Gales, a 300 kilómetros de distancia.

El análisis químico indicó que casi todos las enormes piedras denominadas sarsens proceden del cercano West Wood, en Wiltshire, donde adquieren forma de pilares de forma natural.

Richard Bevins visitó Craig Rhos-y-Felin, un sitio neolítico y afloramiento rocoso en el lado norte de las montañas Preseli en Gales, donde se originaron algunas de las piedras azules de Stonehenge. Christine Faulkner

La extraña Piedra del Altar

Sin embargo, entre ellas, la Piedra del Altar, en el centro de la formación, era una 'rara avis'. En septiembre del año pasado, un grupo de científicos capitaneados por Richard Bevins (arriba), del Departamento de Geografía y Ciencias de la Tierra de la Universidad de Aberystwyth (Gales), descubrió que la composición de minerales de esta roca, de cinco metros de longitud -si bien está fragmentada en dos- y de seis toneladas, no encajaba con la cantera de Preseli.

Su trabajo, publicado en la revista Journal of Archaeological Science: Reports, señala que «la piedra 80, conocida como Piedra del Altar, una arenisca micácea de color gris verdoso, es anómala porque no se deriva de Mynydd Preseli y sus alrededores, en Gales, y, por tanto, ya no debe incluirse en el grupo de las piedras azules».

Buscando coincidencias

El trabajo de Bevins, quien lleva varias décadas dedicado al estudio de Stonehenge, llegó hasta Anthony Clarke (izquierda) y a Chris Kirkland (derecha), investigadores de la Universidad de Curtin (Australia). No fue casualidad: el primero había vivido en Preseli y se sentía fascinado por Stonehenge desde que lo visitara por primera vez con tan solo un año. «Visité Stonehenge por primera vez cuando tenía un año y ahora, a los 25, regresé de Australia para ayudar a hacer este descubrimiento científico; se podría decir que he cerrado el círculo en el círculo de piedras», dice Clarke. Ambos, junto con el equipo de Bevins, se propusieron encontrar el origen de la misteriosa Piedra del Altar.

Para ello, usaron la firma isotópica de los minerales que forman la piedra (algo así como la 'huella dactilar' de la roca y de la que se puede inferir su antigüedad) y la compararon con material rocoso de diferentes lugares de Gran Bretaña. «Muchas rocas pueden compartir una petrología similar; por ejemplo, los minerales que la componen. Sin embargo, la antigüedad y la química de esos minerales proporciona una identificación mucho más definitiva del lugar de donde proviene el material», explica a ABC Kirkland.

Para comprender mejor el origen de la Piedra del Altar, los investigadores analizaron la edad y la química de los granos minerales de fragmentos de la propia piedra. El análisis reveló la presencia de granos de circón, apatita y rutilo dentro de los fragmentos. El circón data de hace entre 1.000 y 2.000 millones de años, mientras que los granos de apatita y rutilo datan de hace entre 458 y 470 millones de años.

La sorpresa del equipo fue mayúscula cuando los resultados señalaron que aquella firma isotópica era completamente diferente a las piedras de origen galés. En cambio, compartía un 95% de semejanzas con las rocas de la Cuenca Orcadiana, en el noreste de Escocia, a 750 kilómetros en línea recta de Stonehenge. «No esperábamos obtener estos resultados, nos sorprendieron mucho. Los mismos apuntan a distancias mucho más largas de lo que sería común en el Neolítico, alrededor del 2500 a. C. Este transporte tuvo que suponer un esfuerzo asombroso», dice Kirkland.

el análisis isotópico de llamada Piedra del Altar, la piedra azul más grande del centro de Stonehenge, ha reveado que en realidad proviene del norte de Escocia, a unos 1.000 km de distancia, y no de Gales.

¿Viaje por mar?

El descubrimiento abre nuevas preguntas que amplían el misterio de Stonehenge: ¿cómo y por qué los cazadores recolectores que vivieron hace 4.500 años transportaron una roca de cinco metros de largo y un peso de seis toneladas a través de toda Gran Bretaña? Si bien los autores del estudio señalan que esta investigación no ha indagado acerca de los motivos y formas detrás del largo viaje de la Piedra del Altar, sí sugieren una posible explicación: el transporte marítimo.

«Las rocas pueden moverse aprovechando el hielo de las glaciaciones, pero, en este caso, una distancia tan larga es incompatible con este largo trayecto, según los modelos», indica Clarke. Por otro lado, el transporte por tierra tampoco parece la opción más viable: «La Gran Bretaña neolítica estaba densamente arbolada, lo que impedía el transporte terrestre. Había grandes montañas, ríos, pantanos y estuarios que habrían planteado barreras formidables. Además, ya sabemos que existían rutas de navegación basadas en el transporte de carga más pequeña, como cerámica y animales», indica Kirkland. De hecho, un experimento con una barca neolítica demostró que el resto de piedras azules de Stonehenge pudo haber llegado de esta forma.

La Piedra del Altar, cuya procedencia se ha revelado que es del norte de Escocia o de las Orcadas, es similar en forma y tamaño a algunas de las piedras que componen un círculo de piedras de las Orcadas conocido como las Rocas de Stenness (Wiki).

Más allá del cómo, este hallazgo implica un alto nivel de organización social en una era que se presupone mucho menos 'sofisticada'. «Esta piedra ha viajado una distancia enorme, al menos 700 kilómetros, el viaje más largo registrado para cualquier piedra utilizada en un monumento de ese período. La distancia recorrida es asombrosa para la época -indica Nick Pearce (izquierda) de la Universidad de Aberystwyth-. No hay duda de que muestra un alto nivel de organización social en las Islas Británicas durante el período y que estos hallazgos tendrán enormes repercusiones para comprender las comunidades en la época neolítica, sus niveles de conectividad y sus sistemas de transporte».

Los autores coincidieron en que algunas preguntas sobre Stonehenge quizá nunca tengan respuesta. «Sabemos por qué se construyeron muchos monumentos antiguos, pero el propósito de Stonehenge siempre será desconocido», dijo Clarke. «Por eso tenemos que recurrir a las rocas. Es un misterio que perdura».

Fuentes: abc.es | edition.cnn.com | dailymail.co.uk | independentespanol.com | 15 de agosto de 2024

Hallan dos nuevas víctimas del Vesubio junto a un tesoro de oro y joyas en Pompeya

Aspecto general del lugar del hallazgo en la Regio IX de Pompeya. Crédito: Ministero della Cultura.

Las excavaciones en Pompeya vuelven a abrir una ventana a los últimos momentos de la ciudad romana engullida por el Vesubio en el año 79 d.C. "Y el día se convirtió en noche y la luz en oscuridad", narró el político, historiador y militar romano Dion Casio. En el pánico de la erupción, algunos habitantes pensaron que los gigantes se habían rebelado y creyeron ver sus figuras entre el humo del volcán y escuchar trompetas en medio del estruendo. Según Dion Casio, otros muchos pensaban que el mundo entero estaba siendo engullido por el fuego y el caos.

Nunca se sabrá exactamente que pensaron un hombre y una mujer cuyos restos acaban de ser encontrados junto a un pequeño tesoro de 23 monedas de oro, plata y bronce y algunas joyas. Estas dos últimas víctimas fueron localizadas en una pequeña habitación de servicio usada como dormitorio temporal en la domus excavada.

A la izquierda: plano de las distintas estancias de la Región IX de Pompeya. A la derecha: plano de las distintas regiones que componen la ciudad de Pompeya. (ver este enlace)

En las primeras horas del cataclismo, estas dos personas buscaron refugio en la citada habitación, situada en la Región IX, en la misma ínsula donde este mismo año se documentaron lujosos salones de banquetes con frescos de la guerra de Troya. La pareja quedó a salvo en su interior durante unas cuantas horas, a la espera de que dejase de caer la lluvia de lapilli (material volcánico) que castigaba los espacios abiertos del resto de la casa.

El director del Parque Arqueológico de Pompeya, Gabriel Zuchtriegel, dando cuenta del hallazgo.

"La oportunidad de analizar los valiosos datos antropológicos relativos a las dos víctimas examinadas en el contexto arqueológico que marcó el trágico final de su vida, permite recuperar una cantidad considerable de datos sobre la vida cotidiana de los antiguos pompeyanos y las microhistorias de algunos de ellos, con una documentación precisa y puntual, confirmando la singularidad del yacimiento vesubiano", explica Gabriel Zuchtriegel, director del Parque Arqueológico de Pompeya, en el último artículo académico publicado en el E-Journal of the Pompeii Excavations.

Gracias a que tenían la ventana cerrada sobrevivieron a la inundación de pequeñas piedras volcánicas que cubrieron la habitación adyacente pero bloquearon su única salida. Atrapados en la habitación sin posibilidad de abrir la puerta, encontraron la muerte con la llegada de los flujos piroclásticos, una mezcla de gases calientes, aire y material sólido.

Arqueólogos junto a uno de las últimas víctimas del Vesubio localizadas. Ministerio de Cultura de Italia.

Tesoro

"Las huellas en las cenizas nos han permitido reconstruir el mobiliario e identificar su posición exacta en el momento de la erupción: una cama, un arcón, un candelabro de bronce y una mesa con tapa de mármol, quedando aún los muebles de bronce, vidrio y cerámica en su mismo lugar", explica una nota de prensa del Ministerio de Cultura de Italia.

Cerca de la cama, la mujer tenía consigo un pequeño tesoro compuesto por 23 monedas de época republicana e imperial junto a una pequeña luna de plata y varios pendientes de perlas y oro.

Monedas y collar hallados junto a uno de los restos esqueléticos. Ministerio de Cultura de Italia.

"Tras una documentación sistemática se retiró el mobiliario del entorno y se decidieron retirar los restos de la mujer. En esta fase fue posible ver, a la altura de la pelvis, pequeños acopios de objetos de valor, joyas y monedas, que resultaron ser más numerosos a medida que se fue descendiendo con la excavación estratigráfica", explica Zuchtriegel.

Estos últimos hallazgos se enmarcan dentro de un proyecto arqueológico que parte de un enfoque mucho más amplio. "Este es un trabajo de colaboración entre arqueólogos, antropólogos y vulcanólogos comprometidos en la reconstrucción de los últimos momentos de la vida de hombres, mujeres y niños que perecieron durante uno de los mayores desastres naturales de la antigüedad. Pompeya sigue siendo un gran sitio de investigación y restauración, pero en los próximos años esperamos importantes avances en las excavaciones arqueológicas y en la valorización del territorio", declaró Gennaro Sangiuliano (izquierda), ministro de Cultura.

Fuentes: elespanol.com | pompeiisites.org | 12 de agosto de 2024